Hoy es el día en el que miles de españoles celebran la conquista de una copa europea de las naciones con su equipo. Se lo merecen.
La euforia se apoderó ayer de todo el estado y es que los jugadores de la selección han jugado de maravilla cada partido del torneo. Seguro que los aficionados han disfrutado como niños viendo jugar a España.
A mi me hubiese gustado gritar hasta quedarme afónico con cada gol. Me hubiese gustado morderme las uñas en esos partidos difíciles, en los penaltis... Me hubiese gustado pensar en la final y salir a celebrar la victoria con los demás en la calle. Dejarme llevar por la euforia y salir a la calle a celebrar algo que quiza no vuelva a suceder. Es la magia del futbol, y a mi me encanta. Pero me han quitado ese derecho. Me han quitado la ilusión. No puedo alegrarme por ello. Lo siento, pero no me pueden obligar a escoger, a sentir el color rojo y gritar ¡viva españa y la madre que la pario!
Empezaron con el podemos y lo han logrado. Felicidades de nuevo, enserio. Lo celebran a lo grande, hasta unos aviones F-18 se han apuntado a la fiesta para dibujar la bandera española en el cielo raso de Madrid. Aquí ya me reboto y me entra la mala ostia. Sobran más comentarios.
Ahora bien, aquí miles de ciudadanos y aficionados también queremos sentir eso. Ojala algún día se nos de el derecho tener nuestra propia selección, la que sentimos. Ojala algún día podamos acudir a un Mundial con la ikurriña y gritar gooooool con todas nuestras fuerzas. Ojala algún día la ganemos y salgamos a la calle a celebrarlo (sin aviones F-18). Pero mientras tanto, seguiré prefiriendo que España quede eliminada en el primer partido de cualquier torneo que juegue en el futuro.

